demon slayor

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Esteu veient una revisió anomenada "demon slayor", desada el maig 14, 2026 a les 12:35 pm per Malika
Títol
demon slayor
Contingut

CAPÍTULO 1 — “El Espejo que No Refleja”

La noche caía sobre el Bosque de los Cerezos, un lugar que normalmente brillaba con tonos rosados incluso bajo la luna. Pero esa noche, algo estaba mal. El aire estaba quieto. Demasiado quieto. Shinobu Kocho avanzaba entre los árboles, su haori de mariposa moviéndose apenas con la brisa. —No me gusta este silencio —murmuró, tocando el mango de su espada—. Ni siquiera los insectos cantan. Detrás de ella, Kanao caminaba ligera, observando cada detalle con sus ojos brillantes. Nezuko iba a su lado, en su forma pequeña, pero con los ojos atentos, como si algo invisible la llamara.   Bosque de cerezos nocturno con espadachinas   Más atrás, Mitsuri y Kanae cerraban la formación. —¿Crees que sea verdad lo del secuestro? —preguntó Mitsuri, apretando su espada flexible contra el pecho—. Una cazadora desaparecida sin dejar rastro… Kanae asintió, seria. —Sí. Y si la información es correcta, no fue un demonio común. Alguien dejó un objeto extraño en el lugar del ataque. Shinobu se detuvo. —Un espejo —dijo, sacando un pequeño fragmento envuelto en tela—. Pero no refleja nada. Ni siquiera la luz. Kanao se inclinó para mirarlo. —Es como si… absorbiera lo que ve. Nezuko gruñó suavemente, señalando hacia adelante. Un aroma extraño flotaba en el aire: dulce, pero metálico. Shinobu levantó la mano. —Prepárense. Las cinco avanzaron hasta llegar a un claro. Allí, en medio del suelo, había un espejo enorme, redondo, apoyado contra un tronco. Su superficie era negra, como agua estancada. Mitsuri tragó saliva. —Ese espejo… no estaba aquí hace un segundo. Kanae dio un paso adelante. —Siento una presencia demoníaca. Muy fuerte. Kanao entrecerró los ojos. —Hay algo dentro del espejo. Algo que se mueve. Shinobu se acercó lentamente. —No se acerquen demasiado. Este objeto podría ser— Un sonido agudo cortó el aire. CLINK. Una grieta apareció en la superficie del espejo. Luego otra. Y otra. Nezuko se puso delante de Kanao, lista para atacar. La superficie del espejo se abrió como si fuera piel. Una mano salió de dentro. Una mano femenina, pálida, con uñas largas como agujas. De la oscuridad emergió una figura: una mujer demonio con un kimono rojo y ojos vacíos, sin pupilas. —Bienvenidas… cazadoras —dijo con una voz que sonaba como dos voces a la vez—. Las estaba esperando. Shinobu apretó los dientes. —¿Quién eres? La demonio sonrió. —Soy la Dama del Espejo Carmesí. Y ustedes… Señaló a Kanae. —Especialmente tú… Sus ojos vacíos brillaron. —…me pertenecen. Antes de que pudieran reaccionar, la demonio golpeó el suelo con su abanico. El espejo detrás de ella se expandió como agua, tragándose la luz del claro. Mitsuri gritó: —¡Cuidado! Pero fue tarde. Una fuerza invisible tiró de Kanae hacia el espejo. Kanao corrió hacia ella. —¡Hermana! Shinobu saltó para sujetarla. Nezuko se lanzó con una patada ardiente. Pero la Dama del Espejo sonrió. —Los reflejos siempre regresan a su origen. Y en un instante… Kanae fue absorbida por el espejo. El bosque volvió a quedar en silencio. Kanao cayó de rodillas, temblando. —No… no puede ser… Shinobu apretó los dientes, furiosa. —La encontraremos. Cueste lo que cueste. Nezuko rugió, sus venas brillando en rojo. Mitsuri levantó su espada, lágrimas en los ojos. —¡Vamos a traerla de vuelta! La Dama del Espejo se desvaneció entre grietas de luz. Pero su voz quedó flotando en el aire: —Si quieren recuperar a Kanae… —…entren a mi mundo. El espejo se cerró con un CLACK final. Y así comenzó la misión más peligrosa de sus vidas.

CAPÍTULO?2?—?“El?Umbral?del?Silencio”

El espejo permanecía inmóvil, como si el bosque entero contuviera la respiración. Shinobu se acercó con cautela, la luz de la luna reflejándose débilmente en la superficie negra. —No responde… —susurró. Kanao tocó el borde con la punta de los dedos. El frío era tan intenso que dolía. Nezuko gruñó, inquieta. Su reflejo en el espejo no se movía igual que ella. Mitsuri dio un paso atrás. —Ese espejo… está mirando. De pronto, la tela del cielo se rasgó con un sonido seco. Las flores de cerezo se detuvieron en el aire, suspendidas como si el tiempo se hubiera congelado. El reflejo del bosque comenzó a girar lentamente, como si el espejo estuviera respirando. —¡Atrás! —ordenó Shinobu. Pero fue demasiado tarde. Una onda invisible los envolvió. El suelo desapareció bajo sus pies. Por un instante, todo fue silencio. Luego, Kanao tocant el mirall líquid un murmullo lejano, como voces que se repetían desde dentro del cristal. Cuando abrieron los ojos, el bosque había cambiado. Los cerezos crecían hacia abajo, sus raíces colgaban del cielo. La luna estaba partida en dos, una mitad blanca y otra roja. El aire olía a hierro y a flores marchitas. —¿Dónde… estamos? —preguntó Mitsuri, temblando. Shinobu miró alrededor. —Dentro del espejo. Kanao observó su propio reflejo en un charco oscuro. Por un segundo, su reflejo sonrió… aunque ella no lo había hecho. Nezuko se tensó, los ojos brillando. —Hay algo aquí —murmuró Shinobu—. Algo que nos observa. Una voz resonó entre los árboles invertidos, idéntica a la de Shinobu, pero más fría: —Bienvenidas… al otro lado. El silencio volvió a caer, más pesado que antes. Y el mundo espejo las recibió.  

CAPÍTULO 3 — “El Jardín de los Reflejos Rotos”

El sonido del acero chocando se extendía por todo el mundo espejo.

Kanao retrocedió un paso, respirando con dificultad. Su reflejo atacaba sin dudar, sin vacilar… como si no tuviera emociones que la frenaran.

—¿Por qué dudas? —susurró su copia, lanzando otro corte preciso—. Yo soy más fuerte porque no necesito pensar.

Kanao apretó los dientes.

—No… —bloqueó el ataque—. Tú solo eres… vacío.

Mientras tanto, Shinobu esquivaba con elegancia los ataques de su otra versión. Pero algo era distinto.

Su reflejo… sonreía igual que ella.

—Qué interesante —dijo la falsa Shinobu—. Siempre tan tranquila… incluso ahora.

—No es tranquilidad —respondió Shinobu, lanzando una estocada rápida—. Es control.

—¿Estás segura? —susurró la voz justo detrás de ella

Mitsuri, por su parte, luchaba con fuerza, pero su reflejo parecía anticipar cada movimiento.

Batalla en el mundo espejo

—Eres demasiado blanda —dijo su copia, esquivando su espada flexible—. Siempre temes hacer daño.

—¡Eso no es cierto! —respondió Mitsuri, con lágrimas en los ojos.

Nezuko rugía, enfrentándose a su versión oscura, que atacaba con una ferocidad salvaje, sin ningún rastro de humanidad.

El mundo espejo no solo copiaba sus cuerpos…

Copiaba sus debilidades.


Mientras tanto…

En lo profundo de ese mundo distorsionado, Kanae caminaba lentamente.

El lugar en el que estaba era diferente. No había cielo rojo ni árboles retorcidos.

Era un jardín.

Hermoso… pero inquietante.

Flores de cerezo caían sin viento, repitiendo el mismo movimiento una y otra vez, como si el tiempo estuviera roto.

—Este lugar… —susurró— es el centro.

—Correcto.

Kanae se giró.

La Dama del Espejo Carmesí estaba sentada sobre una roca, abanicándose con calma. Sus ojos vacíos la observaban con un interés casi… humano.

—Eres especial —dijo—. No como las demás.

Kanae no desenvainó su espada.

—¿Por qué me trajiste aquí?

La demonio sonrió.

—Porque tú ya vives entre dos mundos… —inclinó la cabeza—. Entre la paz… y la violencia.

Kanae guardó silencio.

—Tus ideales —continuó la Dama— son hermosos. Un mundo donde humanos y demonios puedan entenderse…

Su sonrisa se ensanchó.

—Pero también son una mentira.

El aire se volvió más frío.

—No —respondió Kanae con suavidad—. Son una posibilidad.

Por primera vez, la Dama del Espejo dejó de sonreír.

—Entonces demuéstralo.

El suelo tembló.

Los pétalos comenzaron a girar violentamente, formando un remolino.

—Si logras salvarlas… —dijo la demonio— sin destruirlas a ellas mismas…

Sus ojos brillaron con un rojo profundo.

—…te dejaré salir.

Kanae abrió los ojos ligeramente.

—¿Y si fallo?

La Dama del Espejo se levantó lentamente.

—Entonces te quedarás aquí… —susurró— como un reflejo más.


De vuelta en el campo de batalla…

Kanao cayó de rodillas.

Su espada salió volando de sus manos.

Su reflejo la apuntaba directamente al cuello.

—Siempre esperando que alguien decida por ti —dijo la copia—. Incluso ahora.

Kanao temblaba.

La moneda… cayó de su mano.

CLINK.

Rodó por el suelo… y se detuvo.

Cara.

Silencio.

Kanao levantó la mirada.

Y por primera vez…

Sonrió ligeramente.

—Esta vez… no la necesito.

Su reflejo dudó.

Solo un instante.

Pero fue suficiente.

Kanao se movió.

Más rápido que antes.

Más firme.

Más decidida.

El corte fue limpio.

Su reflejo se detuvo… y comenzó a agrietarse como vidrio.

—Yo… decido —susurró Kanao.

La copia se rompió en miles de fragmentos de luz.


En ese mismo instante…

Shinobu se quedó inmóvil.

Mitsuri dejó de atacar.

Nezuko retrocedió.

Las grietas comenzaron a aparecer en todas las copias.

La voz de la Dama del Espejo resonó, sorprendida:

—¿Qué…?

En el centro del jardín, Kanae cerró los ojos… y sonrió.

—Kanao… lo logró.

Pero entonces…

El cielo rojo se oscureció aún más.

Algo se movió detrás de las grietas del mundo.

Algo enorme.

Algo que ni siquiera la Dama del Espejo parecía controlar.

Su expresión cambió por primera vez… a miedo.

—No… —susurró—. Él no debería despertar todavía…

Una grieta gigantesca se abrió en el cielo.

Y de ella…

Emergió un ojo.

Observándolas.

Antiguo.

Hambriento.

Y completamente ajeno a la voluntad de la Dama del Espejo.

 
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